reconoce sus orígenes

EL EMPATE ANTE THE STRONGEST DEJA CASI ELIMINADO A CRISTAL. FOTO REUTERS

El gol que no llega

La historia recicla. Como desde hace tres años a Cristal se le va la Copa. Y a su técnico empiezan a mirarlo mal.

Por José Rubén Yerén

Twitter: @jryeren

Publicado: 2017-04-20

"En este mundo hay dos categorías de personas: los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas”. Diálogo de la película El bueno, el malo y el feo.   

Dicen que el fútbol, como la vida, es elección. La noche del martes a Jorge Cazulo le tocó escoger: paciencia o prisa. Conduciendo la pelota en mediocampo, en el minuto 93 de un partido de Copa que empatas en casa, y quedándote casi eliminado ante un rival encerrado en su campo, para muchos no había opción. Había que lanzarla al área, buscando el cabezazo salvador, como pedía la tribuna. Lejos de estereotipos -defensor y uruguayo- Cazulo no lo hizo.

Difícil saber si no escuchó el clamor (quizá fue muy poco el público) o si su convicción en la idea es mayor. Por cierto, esa escasa asistencia para un partido de Copa Libertadores (diez mil personas, con suerte) ha de originar acto de contrición en el Rímac. Urge mirarse al espejo y evaluarse. Revisar cosas. Los dirigentes, el precio de entradas. Los hinchas, su fe.

Paciencia. Tal fue la ruta elegida por el degensor charrúa en ese final del partido ante el The Strongest boliviano. Paciencia y pase: tal es el camino que ha trazado su técnico José Del Solar. En Cristal manda el pase. El centro como última opción y el remate solo si el objetivo está muy claro en la mira. Así, en esos segundos finales la pelota siguió yendo de pie en pie, buscando por abajo el hueco, la distracción, el acierto. Más que un gol, Cristal buscaba tener la razón. Así jugamos y este es el premio. No pudo ser.

Con ese 0-0 los del Rímac quedaron casi condenados a quedar eliminados en fase de grupos de la Libertadores. Otra vez. Dos triunfos en sus últimos 15 partidos continentales es muy poco para un equipo que busca trascender. Por tercer año consecutivo los celestes caen y casi sin pegar tiros. Y otra vez el técnico queda en la mira.

LA COPA LIBERTADORES EMPIEZA A TAPAR EL AUSPICIOSO INICIO DE DEL SOLAR EN CRISTAL. FOTO EFE

Se sabe. En la derrota el héroe pasa a ser villano y la convicción se convierte en falta de recursos. O de rebeldía. Depende de cómo sienta cada uno el fútbol. Y de si la pelota entró o no, claro. Siempre será más cómodo opinar a favor del resultado.

No fue la mejor versión del equipo de Chemo, queda claro. Aun así, ese Cristal de la media hora final terminó pareciéndose al que tantos elogios despertó a inicios de año. Elogios hoy ausentes quizá porque se ausentó también la victoria. Porque el equipo de Chemo repitió parte de lo hecho en el verano: pase, paciencia, amplitud… Pero no ganó. Cierto, le faltó ritmo, movilidad, asociaciones, jugar más al espacio que al pie, pero superó a su rival. Y mereció ganar.

Sin duda, el gol (o su ausencia) influye en el análisis y en la percepción. Y en las dudas. ¿Cristal no juega bien solo porque no hace gol? ¿Se puede jugar bien y no anotar? ¿Se puede anotar, y hasta ganar, sin jugar bien? ¿Juegan bien solo los que ganan? La perfección en el fútbol no existe. Así que, otra vez, quizá sea un tema de elección: posesión o pegada.

No obstante, viendo la imperturbable cadena de pases celestes del segundo tiempo resonaban las palabras de Bielsa. “Un pase debe correr el riesgo de ser interceptado por el rival. Si no se eliminan rivales, no hay progresión”. Quizá sea eso lo que le falte a Cristal. Menos lateralidad, más verticalidad. Menos seguridad, más riesgo.

Ser efectivo no pasa necesariamente por tener un nueve de área al cual tirarle balones. Al área se llega. Y el pase, cómo no, ayuda en ese viaje. Pero siempre es posible hacer de tu virtud tu defecto. Y el Cristal de Chemo empieza a transitar por ese abismo. Sin ritmo y sin chispa, su prolija y paciente circulación de pases termina convirtiéndose en parsimoniosa y predecible posesión. E inocua. Casi, casi, lo que terminó de anestesiar al Cristal de Soso. ¿Se parece este Cristal al del año pasado? Sí. Y no por plan sino por ejecutores.

Un equipo es una idea, pero también sus jugadores. Y este Cristal aún es el de los Ballón, Lobatón y Calcaterra. La naturaleza de estos referentes, con varios campeonatos (y años) encima, hace que este Cristal termine pareciéndose a ellos. Pase lento, pero seguro. Control antes que caos. Persuasión antes que invasión. Diplomacia antes que las armas. Que no es malo. Siempre que haya versatilidad. Cristal la tiene. El fuego está en futbolistas como Ortiz, Sánchez, Costa (cuando juega en equipo) o Rojas, por citar algunos. La idea, atractiva, está. La convicción, también. Cómo armonizar idea y ejecutores, es la tarea.

Serán pocos los partidos en que Cristal no supere a su rival. Pocos los que no merezca ganar. Pero necesitará chispa. Y disparar. Chemo lo sabe. Rodear el fuerte y querer tomarlo sin pegar un tiro trae muchos riesgos. Perder el botín. O morir como un villano.


Escrito por

José Rubén Yerén

Comunicador, cinéfilo, viajero comodón y defensor del fútbol de ataque.


Publicado en

Para qué se juega al fútbol

Porque el fútbol es un juego con el que se puede ganar dinero. Pero para ganar dinero tiene que ser juego. Si no se disfruta no es juego.