Ilusionarse en la sabana
Perú retoma un viejo sueño: volver a un Mundial. El reto es enorme pues en la difícil y apasionante eliminatoria sudamericana la ley del más fuerte suele terminar imponiéndose. Además, con Brasil en el camino, llegar a Rusia 2018 parece imposible. Sin embargo, la buena Copa América realizada por la selección ha despertado la ilusión del hincha. ¿Alcanzará esta vez?
Por: José Rubén Yerén Cassina
- La ilusión no se come –dijo ella.
- No se come, pero alimenta –replicó el coronel.
(De “El coronel no tiene quien le escriba”, Gabriel García Márquez).
Sentado frente a un pequeño televisor de 14 pulgadas, el niño de siete años mira emocionado cómo Rubén ‘El Panadero’ Díaz acaba de convertirle un gol de tiro libre a Dino Zoff, el histórico arquero italiano de la camiseta gris. El pequeño no tiene real conciencia de lo que es un Mundial, pero grita el gol como si fuese suyo. Era la tarde del 18 de junio de 1982 y, con ese gol, algo fortuito, Perú le empataba 1 a 1 a Italia, equipo que días después se coronaría campeón del mundo.
Era el Mundial de España 82, el último en el que participó nuestra selección de fútbol, y, quizá por eso, pese a que la campaña terminó mal con aquella goleada ante Polonia, hay imágenes que no se olvidan nunca: Cubillas, el gol de La Rosa, el italiano Rossi, el polaco Lato, el camerunés N’Kono, el empujón de Velásquez al árbitro, Naranjito, el álbum de figuritas… Perú en un Mundial, ¿lo recuerda?

Gareca y su apuesta por volver a las raíces como camino hacia la competitividad. | Foto: Getty Images
Treinta y tres años después, un nuevo torneo clasificatorio se inicia. La meta es Rusia 2018, y, a juzgar por el entorno que rodea este proceso liderado por Ricardo Gareca, ese camino que recorrerá nuestra selección rumbo al país más grande del mundo será largo pero no tortuoso. Como hace cuatro años con Markarián buenas sensaciones rodean al equipo nacional. Pero esta vez, más allá del qué –el tercer puesto obtenido en la Copa América–, hay un cómo que genera ilusión y confianza. Porque, a diferencia del pragmático Perú del DT uruguayo, el Perú de Gareca intenta jugar.
“Perú debe jugar bien. Y para mí jugar bien es darle buen destino al balón”, dijo Gareca poco antes del torneo continental. Hasta ahora, en los diez partidos que Perú jugó con el argentino como técnico, cumplió. Hay coherencia entre lo que se dice y lo que se ha venido haciendo. Una idea, un plan para ejecutarla y un estilo reconocible: eso se pedía y eso nos ha dado el ex entrenador de Universitario. Es simple lo de Perú: líneas juntas, atacar y defender en bloque y, lo mejor, por abajo, con la pelota, juntándonos. Sí, “con la nuestra”.
Ese es el estilo, matizado con el recurso del juego largo hacia Guerrero y las rápidas transiciones una vez recuperado el balón, con que nuestra Selección le ha mostrado al continente que tiene con qué competir. Gane o pierda, Perú ya tiene un sello del que muy difícilmente se aparte.

Paolo GUerrero, de gran copa América, es el eje de ataque de la selección Peruana . | FOTO: Fox Sports
La adhesión a ese estilo tan nuestro, reflejado en el respaldo de prensa y afición, es casi unánime. Tanto, que pareciera ser que reconociendo en esta selección nuestro ADN la meta ahora está más cerca. “Así sí podemos”, reza la ilusión a la que se abraza la gente. Pero, ojo: similar situación se vivía en el partidor hacia Brasil 2014. Recuérdese ese 96 % que, según encuestas, aprobaba a Markarián y confiaba en la clasificación. No es, pues, amor al chancho sino a los chicharrones. No importan las formas, tal parece. Se entiende: la gente quiere ganar.
Vestirse de ilusión
Hay razones para soñar, claro que sí. Además de las subjetivas, los números nos dicen que en tres partidos de la Copa América la selección no encajó goles. Para una selección como la nuestra –menor, sin duda, en el plano internacional–, terminar un partido con el arco invicto es muy meritorio. Imagínese tres. Además, con 8 goles anotados, Perú fue, después de Chile y Argentina, el equipo más goleador del torneo.
Individualmente también hay cosas para destacar. El innegable crecimiento de Advíncula, el aplomo de Gallese en el arco y la ductilidad de Ascues potencian a la selección. Lo hace también el cambio de aires que algunos han tomado. Guerrero, ya el segundo goleador histórico de la selección con 25 goles –uno menos que el Nene Cubillas–, cambió de torcida y hoy ejerce de artillero y líder del Flamengo; Ascues podrá mostrar en un equipo como el Wolsfburgo todo ese repertorio físico y técnico que lo hizo destacar en Chile; Cueva debería crecer en juego –y mesura– en un futbol como el mexicano tan dado al buen trato al balón, mientras que Vargas tiene ante sí la oportunidad de dar un último sprint para cerrar su carrera internacional en una de las grandes ligas.

La Copa AMérica ha vuelto a alimentar la ilusión de cara a las clasificatorias. ¿Se dará esta vez? | Foto: Libero.pe
Alemania, México y España: no es casual que nuestros futbolistas aterricen en ligas donde vocación ofensiva y capacidad técnica se imponen a la fuerza y rigor táctico que impera en otras tierras.
Estos detalles, por supuesto, no son sino anexos a lo más importante, que es el juego. Y ahí Perú tiene qué ofrecer. Y lo hace básicamente porque lo suyo es no rifar la pelota. La quiere, la busca, la asegura. Lento, pero seguro. Así avanza Perú. Quizá para evitar que el rival la tenga y lo dañe. O quizá porque lo suyo sea genuina convicción: quién sabe y un cartel en el vestuario cite a Valdano con eso de que “si uno no le tiene amor a la pelota termina por no tenerle amor al juego”.
Mirarse al espejo
Hecho el expediente que nos da visa para soñar, pasemos ahora al saludable ejercicio de afirmar los pies en la tierra. Y es que, sin ánimo de ser aguafiestas, la realidad nos dice que somos los últimos de Sudamérica. Lo sabía Markarián y en su interior lo debe tener muy claro Gareca.
Los números no mienten. En las cuatro últimas eliminatorias Perú quedó octavo, noveno, décimo y séptimo. Otro dato no menor: la última vez que la selección ganó como visitante en una eliminatoria fue hace ya 11 años (3 a 1 en Uruguay en 2004), camino a Alemania 2006. Para Sudáfrica 2010, Perú solo ganó tres partidos (todos en casa) y no logró ni un solo punto como visitante. La eliminatoria a Brasil 2014 nos trajo algo más de alegrías, nos hicimos más fuertes en Lima, aunque la deuda afuera siguió pendiente. Se consiguió un solo punto de visitante –ante Bolivia en La Paz–, lo que sigue siendo poco para un torneo largo y duro que exigirá lo mejor de nosotros, pero también sacará lo peor.
Porque no hay que mentirnos. A diferencia de un torneo corto como la Copa América, la eliminatoria, con 18 partidos a lo largo de dos años, jugando de local y visitante, termina mostrando quién es quién. Se sabe: a más partidos, mayor exposición y, por ende, más probabilidades que el mejor termine ganando más partidos de los que perderá. Y el peor, al revés. Y es que a campo abierto nadie puede esconderse. La eliminatoria sudamericana, para muchos la más fiera de todas, es una especie de sabana donde leones y gacelas conviven en una lucha permanente en la que (casi) siempre se impone el más fuerte. Huelga decir quién es el cazador y quiénes, las presas.

Farfán cambió la Bundesliga para fichar por el Al Jazira de Arabia. ¿influirá en su nivel? | FOTO: PIXSHARK
No nos va bien en la eliminatoria, es evidente. A la hora de la verdad siempre nos termina faltando ese centavito para llegar al sol. Y un líder, claro. Porque, aunque sea un deporte colectivo, siempre se necesita el aporte diferencial del crack. Que por lo general suele ser el nueve. En la memoria resuenan los gritos de gol de los enormes Salas y Zamorano (23 goles entre ambos para llevar a Chile a Francia 98). También los 9 goles del ecuatoriano Delgado rumbo a Corea y Japón 2002; los 11 de los paraguayos Santa Cruz y Cardozo camino a Alemania 2006; los 10 del chileno Suazo para Sudáfrica 2010 o los 9 tantos que anotó Falcao para llevar a Colombia a Brasil 2014.
Perú necesita cifras así; que Paolo las alcance y que Farfán las mantenga. Y es que, mientras el atacante del Flamengo suma 5 goles en tres eliminatorias, la Foquita lleva anotados 12 goles en dos procesos (7 para Alemania 2006 y 5, camino a Brasil 2014).
Tarea pendiente
Pero más que aprender a ganar fuera de casa o tener un líder que se cargue el equipo al hombro, la realidad nos dice que Perú debe reconocerse al espejo. Saber de dónde parte y entender que el camino es mucho más largo que llegar a Rusia o a Qatar.
Se habla del penal de Zegarra a Aguinaga en el 97, del “Para qué te traje” del Cóndor Mendoza, también ante Ecuador en 2005, del penal que Pizarro erró ante Argentina en 2013… Queremos creer que en todos estos largos años de eliminaciones fuimos nosotros quienes nos equivocamos. Y no: el rival también juega. Y hay diferencia de niveles, sin duda.
El acierto y el error forman parte del juego: unos fallan más, otros menos, y, en directa proporción, unos valen más y otros menos. Así funciona esto. Los buenos futbolistas y los de élite se diferencian entre sí por esos detalles. Que no nos dé vergüenza reconocer que, además de Brasil y Argentina, Colombia, Chile y Uruguay tienen mejores futbolistas que nosotros. Lo demostraron en el Mundial y sus futbolistas nos lo recuerdan cada vez que asomamos las narices por la tele para ver el fútbol europeo.
Quizá sea esa una de las materias pendientes de la prensa: enseñarle al fiel y noble hincha peruano a separar la paja del trigo y a exigir solo cuando hay.
Y hoy no hay. No mucho, en todo caso. Además de la dificultad para encontrar en el torneo local alternativas a los jugadores que actuaron en Chile 2015, no asoma ninguna joya con inminente destino europeo o que al menos muestre talento y personalidad para hacer carrera afuera. Esa es la gran tarea (no solo de Gareca): ampliar el universo de futbolistas que reúnan aptitud y actitud para vestir la blanquirroja.

Han pasado 8 Eliminatorias desde La última clasificación PERUANA A UN MUNDIAL | Foto: aficionline.com
Difícil tarea nos espera. No obstante, el primer paso parece haberse dado: recuperar identidad. El segundo, quizá más complicado, es no perder de vista que clasificar a un Mundial no va a mejorar el fútbol peruano. La ecuación, parece claro, es a la inversa: teniendo un buen producto fútbol, atractivo y competitivo, la natural consecuencia será pelear clasificaciones mundialistas. El reto es no dejar que, como sucede cada cuatro años, ese árbol cargado de frutos que es un Mundial de fútbol nos siga tapando el bosque.
A pocas horas del debut ante Colombia en Barranquilla, parece tarde. Ya se oye el silbato del tren mundialista. Y todos quieren subir. Emocionados, expectantes, ilusionados. Y entonces el largo plazo, proyecto, identidad, renovación, planificación y demás términos asociados a esperar, suenan a herejía. Y quizá no sea tan malo ilusionarse, después de todo. Porque, ¿quién no se ilusiona con su equipo de fútbol? ¿Quién no se alegra con la victoria o se entristece en la derrota? ¿No es para eso, para emocionar al hincha, que se juega a este deporte?
Perú en un Mundial, ¿lo recuerda? Aquel niño que escribe este artículo 33 años después, sí. Y como millones de peruanos quiere ganar. Y se ilusiona: Perú en un Mundial, ¿por qué no? A veces la gacela logra escapar de las garras del león.