Ganso: El reflejo del pasado
Cuando el talento parece no ser suficiente.
Por Christian David Martínez
El tiempo se encarga de cambiar constantemente el curso de las cosas, por ello es lógico que el fútbol que vemos hoy presente diferencias con el de 20 años atrás. Cabe señalar, sin embargo, que si bien el juego como tal mudó con el correr del tiempo, esta transformación no se debe exclusivamente a sus protagonistas.
Vivimos en la época del "fútbol moderno", para muchos el producto de una evolución natural del deporte más popular del mundo a nivel competitivo. No obstante, la esencia del juego ha sufrido al mismo tiempo una notoria involución.
Ciertamente se corre más, el tema es que se relaciona profesionalismo con esfuerzo físico. Se fricciona más en el terreno de juego y la entrega ocupa el primer escalón del podio del elogio en desmedro del talento, otrora requisito indispensable para destacar en el fútbol. En resumidas cuentas, se lucha más de lo que se juega.
Mucho tiene que ver la formación que se le da a los futuros futbolistas, jóvenes que crecen alzando más pesas de lo que entran en contacto con la pelota. Se prioriza el desarrollo de su condición física y se deja de lado el aspecto mental, orientado a resolver acciones del juego o para alimentar su creatividad en beneficio del talento. Quizá por ello resulte cada vez más complicado encontrar jugadores que den la sensación de divertirse mientras divierten al resto con su juego.

Desde su llegada a Sao paulo en 2012, Ganso se ha convertido en la manija del 'tricolor'
La pelota siempre al 10
Paulo Henrique Ganso es de aquellos que rompen el molde. El 10 del Sao Paulo es una excepción a la regla, una puerta al pasado y también, porque no, una esperanza para quienes anhelan ver algo distinto en medio de la monotonía. Puede dar la sensación de ser un tipo displicente, de esos que “juegan caminando”, pero en realidad se está esforzando los 90 minutos pensando qué decisiones tomar para el beneficio de su equipo, ya sea viendo la forma de dejar mano a mano al delantero o permitiendo que el lateral que le corre por la espalda se descuelgue con peligro en campo adversario.
Fuente vídeo: g Element
Ganso no solo juega los partidos sino que los piensa mientras su equipo se mueve al compás de sus pies. Es un anti sistema en un fútbol que parece rechazar a los jugadores de su corte porque es preferible contar con uno que corra más o se tire de cara al balón. Lo irónico de estos estigmas es que gran parte los entrenadores que desechan de su plantilla a los jugadores talentosos terminan condicionando sus planteos tácticos a contrarrestarlos y anularlos cuando enfrentan a equipos que si los potencian.
Para quien escribe ver jugar a Ganso es remitirse otra época. Es recordar a los Riquelme, Haggi, Bochini, Rivaldo, Baggio, Zidane entre otros futbolistas que parecían jugar sin apuro, tomándose el tiempo para ejecutar cada acción, pero jamás dejando de pensar.

Ganso jugó en Santos entre 2008 y 2012. Durante esa época formo una gran dupla con Neymar. | Foto: fiveprime
Probablemente la mayor cuenta pendiente del ex Santos sea el no haber cruzado el charco rumbo al fútbol europeo, algo que a sus 25 años parece hacerse más difícil conforme pasan las temporadas. Aparte de haber sufrido una dura lesión de rodilla, su juego carece del “rigor táctico” que se describe como requisito indispensable para triunfar en el viejo continente.
De cualquier modo, me tomé este espacio para agradecerle a Ganso, jugador al que a lo mejor le tocó la época equivocada. Un talentoso incomprendido en los tiempos del esfuerzo. Por suerte para él, todavía quedamos algunos nostálgicos del pasado que lo disfrutamos domingo tras domingo.