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Carlos Tévez vuelve a vestirse de 'Xeneize' luego de 11 años. | Foto: Afp

Tévez no tiene cerebro

La vuelta de Carlos Tévez al fútbol argentino -específicamente a Boca Juniors, su casa- lo confirma como uno de los últimos representantes de una una especie en vías de extinción. La de los futbolistas que anteponen el corazón a aquello que demande la razón.

Por Federico Racchi

Twitter: @federacchi

Publicado: 2015-06-24

Fuente: federacchi.wordpress.com

¿Por qué Carlos Tévez vuelve a Boca? Dispuesto a comprender el motivo del tan osado retorno comencé a buscar por qués en un mar de incertidumbre. Me encerré en mi habitación, mate de por medio, e intenté averiguar qué es lo que impulsa a uno de los mejores jugadores del planeta a volver a un club del tercer mundo. No comprendí. Intenté encontrar la razón: medité, pensé razoné pero nada. 

Estuve horas. No obtuve respuesta. Hasta que en un momento, cuando estaba buscando el agua para la tercer ronda de mates, me di cuenta. Me di cuenta que el equivocado era yo. Me di cuenta que no iba a encontrar jamás la respuesta a mi pregunta porque la forma en la que había inducido mi búsqueda no me llevaba a ningún lado. Fue ahí que comprendí mi error. 

La respuesta a mi pregunta inicial la encontré en la manera en que emprendí la búsqueda de la misma. Yo pensé, medité, razoné, estudié y reflexioné. Tévez no. 

Si Tévez pensara, si se sentara un instante a reflexionar diría que no. Si el tipo entendiera que jugando al fútbol en cualquier otra parte del mundo que no sea nuestro país ganaría el quíntuple de lo que ganará acá, diría que no. Para entender su accionar, hay que comprender una sola cosa: Tévez piensa con el corazón y no con la cabeza.

Vos que estás leyendo, agarrá un mapa. Elegí un país, el que quieras. En la liga de ese país que acabas de elegir a Tévez lo recibirían con las puertas abiertas. El tipo puede elegir jugar en el país del mundo en el desee y sin embargo elige una liga averiada y desdibujada como la nuestra. El tipo bien podría quedarse donde está, en su mansión en Turín jugando un año más y así le garantizaría una vida digna a diez generaciones de Tévez. Pero no.

En el mejor momento de su carrera: habiendo ganado la liga de Italia, la copa de Italia y siendo finalista del torneo más importante de Europa, Tévez pega el portazo. Resigna millones. Cierra la puerta del dinero, de la opulencia y de los lujos y abre la de los sueños.

Tévez no existe, lo que hace Tévez no existe. El panadero de la esquina no pide recuperar su viejo trabajo en una fábrica a la cual extraña, simplemente porque en la panadería gana más. Al cerrajero de la zona no le interesa si lo llaman de su viejo empleo al cual desea volver profundamente, porque arreglando cerraduras gana más. Al kioskero de la cuadra, no le importa si su tía Berta le dice que lo necesitan de nuevo en el bar en donde trabajó toda la vida, porque dando el vuelto en caramelos gana más. Lo que hace Tévez no lo hace nadie. No se corresponde con la lógica. Un tipo no deja su oficio por otro que desea porque sí. En el capitalismo uno no resigna el dinero por los sueños.

Tévez es un fuera de serie. Es el tercer gol de Diego a los ingleses en 1986, es la atajada de Romero a Götze sobre la hora para ganar en los penales el mundial en Brasil y es el puesto número 1 de Vilas en la década del 70: no existe. Lo que hace Tévez, al igual que todos estos hechos, no existe. No se ha visto jamás y carece de sentido común.

Sumérganse en el archivo y revisen los diarios encontrarán de todo, pero no ésto. No hay antecedente en la historia de un gesto de tal magnitud. De la noche a la mañana uno no deja su mansión en Europa y sus millones de euros para mudarse a una casa en Buenos Aires por un sueldo en pesos.

Estoy convencido de que Tévez se equivocó de época o se escapó del libreto de alguna novela. Los jugadores seguían sus sueños en el amateurismo cuando el fútbol no era un oficio sino un hobby, no en estos tiempos en donde la pasión se esfumó y el negocio lo es todo.

La única manera de entender a Tévez y su accionar descomunal es comprender que él no entiende. Él no piensa. No tiene cerebro ni le interesa tenerlo. Es pasión, es corazón. Dirán sus palmarés que ganó el Brasileirao con el Corinthians, que salvó al West Ham de perder la categoría, que fue multicampeón en la ciudad de Manchester y que alzó 4 títulos con Juventus pero no tiene cerebro. Tévez dejó su corazón en el barrio de la Boca y ahora lo va a buscar. La cabeza no actúa si no hay corazón, el cerebro no funciona si el pecho no siente el latido. Y ahí va él, a ponerse la primera camiseta que usó en su vida y probablemente también la última.

Podría haber elegido otra manera de volver; tal vez en unos años lesionado por tantas patadas y cansado de tanto fútbol, pero no. En el mejor momento de su vida, porque así se vuelve al lugar donde uno ama, entero para devolver todas las satisfacciones recibidas. Es la vuelta a casa.

A la mierda los millones y a la mierda la reputación. A este mundo le hace falta más gente como vos Carlitos, que lo resigne todo por sus sueños y que piense menos con la cabeza y más con el corazón.


Escrito por

Federico Racchi

Estudiante de periodismo deportivo (DeporTEA). "Un hombre que tiene ideas nuevas es un loco hasta que sus ideas triunfan". - Bielsa.


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