La pelota, siempre
El debut de Perú ante Brasil en la Copa América reafirmó un concepto esencial del técnico Gareca: progresar con el balón. Pero la derrota, otra vez sobre el final del partido, genera dudas. ¿Será acaso más de lo mismo?
Por: José Rubén Yerén
Manos a la cintura, Ballón mira al cielo. Cerca, Gallese se toma la cabeza. Ambos se lamentan, igual que Guerrero, quien se cubre el rostro, decepcionado. Más allá, Maestri mira al suelo y Chemo Del Solar camina con el gesto adusto, masticando su bronca. Sí, la escena nos resulta tan familiar que los nombres y momentos se confunden. Esta vez fue Brasil, pero ya antes nos había pasado.
Perú ha perdido otro partido, y nuevamente en el minuto final. Las dudas, las críticas y los fantasmas, viejos acompañantes del camino, gritan que es más de lo mismo, que nada cambia.
Pero no. Aunque parezca, no es igual. Perú ayer tuvo carácter y juego. Más lo primero que lo segundo, sin duda. Pero para lo que hay es bastante. Pese a ser menos, la selección salió sin complejos ante Brasil. Garuaba en Temuco, pero había amenaza de tormenta: al frente estaba Neymar. Aun así, lejos de guarecerse, Perú eligió ir al frente, sin más armas que la pelota como espada, aun sabiendo de lo endeble de su escudo defensivo. Y peleó. Y jugó hasta donde pudo.
Y quizá eso sea lo más destacable: la intención de jugar. En el fútbol hay quienes eligen encerrarse atrás y ceder el protagonismo al rival “para evitar riesgos”. Hay también quienes prefieren imponer condiciones y dan un paso al frente. Gareca es de estos últimos. Así lo anunció al llegar y así lo ha hecho hasta ahora. Al margen de lo discutible de algunas convocatorias –más una cuestión de visión que de nombres propios–, el DT argentino es coherente con lo que dice y termina haciendo.
Así, en su debut oficial, el Perú de Gareca buscó siempre el arco rival. Liderado por un imperial Lobatón, la selección movió la pelota con criterio, buscando juego interior, juntando a Farfán, Sánchez y Cueva en asociaciones quizá inocuas aún, pero significativas para un fútbol como el nuestro. Porque el qué –ser protagonista siempre–, viene acompañado del cómo que tanto nos gusta: por abajo, con la pelota, juntándonos. Sí, “con la nuestra”.
Valentía o prudencia
Se mostró otra cara ante Brasil. O, para entendernos mejor, es la cara de siempre, oculta bajo el velo del miedo y las dudas. Perú ha perdido identidad y necesita construirse una pronto. Claro, siendo últimos en el continente la opción de jugar como la Grecia de Rehhagel luce más tentadora que intentar emular a La Roja de Del Bosque. Cuestión de gustos.
"Perú debe jugar bien. Y para mí jugar bien es darle buen destino al balón", dijo Gareca poco antes del torneo continental. Y aunque es en la FPF donde deben decidir qué queremos ser –el estilo elegido debe ser único en todas las categorías–, la apuesta del Tigre nos muestra que manejar la pelota no es más peligroso que andar persiguiéndola. Ese estilo, además, se ajusta a nuestra esencia. El reconocimiento mayoritario de la prensa, y la adhesión de futbolistas en hinchas, así lo demuestra. A sostenerlo, entonces. Y si toca morir, que sea en nuestro palo.
Como ayer. Con el partido empatado, cuando muchos hubiesen optado por “cerrar el partido”, Perú no renunció al ataque, pese a lo poquito que tiene y a lo mal que nos lo hacía pasar el rival en defensa. Porque, pese a la personalidad y orden mostrado, Perú ya le había visto la cara al diablo. Brasil nos estiraba por los costados y se nos notaban las costuras. Nos sacudían el árbol; la manzana estaba por caer.
Pero ante la disyuntiva de defenderse para no perder lo poco que teníamos o atacar, con los riesgos que ello implicaba, la selección decidió seguir enfrentando la tempestad. Los cambios contribuyeron también a esa idea. Matar o morir. El final del cuento lo conocemos: un balón perdido en ataque derivaría en el segundo gol brasileño. Hubo errores, seguro. Pero estos también son forzados por el rival: es Brasil. O mejor dicho, Neymar. Fue este pequeño monstruo quien nos rompió el corazón.

1. La clase de Neymar, aquí perseguido por Lobatón, acabó con la ilusión peruana. | FOTO AFP
Sí, perdimos. Otra vez y sobre el final. Pero no se deje engañar: no es lo mismo. Perú dio un paso al frente; pequeño, pero avanzó. Ese gol agónico de Douglas no cambia nada. Un gol, por doloroso que sea, no debe cambiar el análisis. Es fácil, con el resultado puesto, decir que debimos ser prudentes.
Vienen Venezuela y Colombia y, a lo mejor, alguno más. O quizá no. Da igual. Hay vida después de Chile. Ni siquiera Rusia es el fin. El camino es mucho más largo. Y en él no caben ni temores, ni atajos. Habrá, sí, derrotas, goles agónicos y corazones rotos. Ocurre hasta cuando se tiene la pelota. Imagínese sin ella.