Cappa, Guardiola y Panzeri: cuestión de principios
De a ratos los cimientos de los individuos se someten bajo la lupa de quien juzga. Y es allí, en las circunstancias más extremas, cuando uno decide si aferrarse a su idea para arrostrar el momento cumbre, o si embarcarse hacia la otra orilla expendiendo su convicción. Tres hombres tocados por la misma vara: Ángel Cappa, Josep Guadiola y Dante Panzeri, detallan sus quehaceres, cuando en oportunidades, su génesis fue puesta a prueba.
Por Federico Racchi
Fuente: federacchi.wordpress.com
El buen trato de la pelota y el juego ofensivo en el fútbol argentino siempre fueron homologados por sujetos que expusieron desde la dirección técnica de un equipo, un juego muy gustoso de ver. Es irrisorio negar que el prototipo por excelencia de este estilo de juego fue formulado por César Luis Menotti. En el ámbito del fútbol (al igual que en tantos otros) el estilo polariza a la sociedad argentina. Probablemente, el alumno más aplicado de Menotti fue Ángel Cappa, quien en sus años de aprendiz fue instruido por el Flaco.
Cappa, heredero de Menotti en la elección del cómo, ejerció la profesión de técnico por veintisiete años. Si bien los colores de la camiseta que dirigió fueron mutando, al igual que los rivales de turno, el bahiense perpetuó su idea del fútbol en cual quiera que fuera el plantel dirigido. Las semillas que Menotti había plantado en Cappa ya eran raíces inquebrantables que constituían su método.
Algún periodista tuvo la rutilante idea alguna vez de indagar a Cappa sobre su convicción hacia el estilo que profesaba. El cronista consultó “¿Llega a la final de un Mundial y para usted no vale el “Ganar como sea”?” A lo que Cappa replicó “Si tengo la única posibilidad en mi vida ante millones de personas de expresar lo que siento por este juego, ¿voy a decir “Quiero ganar de cualquier manera”? Estaría loco, ¿cómo me voy a traicionar así?”.
El método en el que Cappa confió y por el que optó en su fase como director técnico, es algo a lo que él jamás podría darle la espalda. Como capitán que elije hundirse con su barco, Ángel elige perder profesando su estilo de juego antes que ganar optando por un método alternativo. Es romántico ver como un hombre se compromete con una idea sin dejarse influenciar por cual quiera que sea el resultado de turno.

Foto: federacchi.wordpress.com
Con 41 años Josep Guardiola selló su vínculo con el Bayern Munich. La labor de Pep no era sencilla: sucedió a Jupp Heynckes, ganador de la triple corona la temporada anterior. Sin embargo, para marzo el Bayern ya casi había ganado la liga y tenía un buen andar en el certamen internacional. La prensa bávara se deshacía de elogios para con el hombre de Sampedor, que además de tener la Bundesliga en el bolsillo, se afirmaba como candidato a ganar la Copa de Campeones.
El rival en la semifinal del certamen europeo fue el Real Madrid. Tras vencer al Arsenal y al Manchester United, en octavos y cuartos de final respectivamente, Guardiola tenía una cita ante su rival de toda la vida. Un partido de ida sorprendió al Bayern con un resultado que no se condecía con lo transcurrido en los 90 minutos. El equipo merengue derrotó 1 a 0 a los dirigidos por Pep en el Santiago Bernabéu. La llave para obtener el pase a la final en Lisboa, se cerró en tierras muniquesas.
El 29 de abril, Guardiola cometió el error más significativo en su carrera como entrenador. A tan solo horas de que su equipo de el puntapié inicial del partido de vuelta en la semifinal ante el Real Madrid en el Allianz Arena, Pep realizó un cambio en su esquema. Reemplazó la alineación que lo mantenía como líder indiscutido por un 4-2-4. Atípico en él.
El match fue una catástrofe. El Real Madrid se impuso por 4 a 0 abriéndose paso hacia la gran final. En la rueda de prensa post-partido, Guardiola se reconoció como único culpable. Pep estaba abatido y comentó su error con el cuerpo técnico “Toda la temporada negándome a poner un 4-2-4. Todo el año resistiéndome. Y lo pongo el día más importante… menuda cagada”.
El instante en el que Guardiola decidió abandonar su estilo y reemplazarlo por uno que no era propio en él, se auto-condenó a la derrota. El plantel del Bayern creyó en una idea propuesta por Pep todo el año, y el día en el que tenía que demostrarla, dio marcha atrás y la modificó. Fue el propio Guardiola quien le dio la espalda a las convicciones que lo formaron y lo hicieron un técnico tantas veces campeón. “Me he equivocado, tío. Me he equivocado por completo. Es una gran cagada. La peor cagada que he hecho nunca como entrenador”.

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Lejos de las canchas, aunque nunca del fútbol, Dante Panzeri también fue un hombre cuyas convicciones lo obligaron a tomar determinaciones audaces.
Desde la década del ´40, el cordobés comenzó a firmar algunos de los artículos que hoy son guía de estudio para muchos estudiantes de periodismo. Sus inicios en El Gráfico lo encuentran maravillando con su pluma a lectores del deporte de turno del que le tocara escribir. Panzeri comenzó redactando notas sobre atletismo, ciclismo y natación para luego deleitarnos con sus tan memorables escrituras de fútbol.
Habiéndose asentado como un escritor de prestigio en la revista, Dante concluyó su ciclo en la redacción de la revista El Gráfico en donde renunció tras el Mundial de Chile de 1962.
Cerrando una cobertura de un Boca-River, Constancio Vigil, hijo del dueño de la revista, lo obligó a publicar las vivencias del por aquél entonces ministro de Economía, Alvaro Alsogaray en el partido. La propaganda ocupaba un amplio sector de la página en donde yacía la crónica del superclásico escrita por Panzeri.
Esa crónica fue la última que el cordobés escribió para El Gráfico. Tras negarse a publicar su artículo junto con la propagando del ministro Alsogaray, Panzeri renunció.
Hombre de principios y convicciones que buscaba eternizar, Panzeri no aceptó ni aquél día ni nunca que sus artículos fueran secundados por la propaganda política.

Foto: federacchi.wordpress.com