Messi, déjame vivir
En el tan anticipado retorno de Guardiola al Camp Nou, el talento individual le ganó la partida a la disposición táctica diagramada en la pizarra. El protagonista de una nueva noche mágica terminó siendo el de siempre: Lionel Messi, una vez más Messi, siempre Messi. La inspiración de esté pequeño gigante pudo ganarle la partida a la eficiencia del conjunto alemán y volvió a recordarnos que el fútbol es y será siempre de los que lo juegan. Al resto, nos toca disfrutar.
Por Federico Racchi
Fuente: federacchi.wordpress.com
¿Hasta cuándo? Hace rato que ando intentando vivir en paz y no lo logro. Como una rutina aprendí a distribuir mis horas entre mis afectos, mis obligaciones y el fútbol. Y es que me encuentro en una encrucijada en donde el fútbol se lo come todo. Yo no sé si Dios aún está ahí presente, pero de estarlo, le pido que si tuvo la osadía de crear a Messi tenga la grandeza de agregarle una hora al día para apreciar su obra, porque si no seré yo quien esté desperdiciando mi vida.
Es difícil de comprender. Cuando parece que Messi ya ha hecho todo, que ha elevado la vara a tal punto que ni el mismo será capaz de superar su propia marca, se reinventa y bate el récord. No sé hasta que punto será capaz de superarse, pero siempre lo logra. Lleva más de diez años haciéndolo y todavía no entiendo como lo hace.
Desde que el fútbol es fútbol, y desde que Messi arribó a tierras catalanas para mostrar su grandeza, la gente lo compara con Maradona. Quizás por su condición de zurdo habilidoso, o quizás porque su país de origen es el mismo. Lo cierto es que parece no haber un solo ser en esta tierra que en algún momento no haya preguntado para sí mismo o a sus pares: ¿Quién es mejor, Messi o Maradona?

Lionel Messi imparable. La influencia en el juego de su equipo parece no conocer límites. | Foto: Telegraph
Como fiel seguidor de este deporte, la gente me indaga como quien busca una respuesta exacta acerca de esta condición. Lo cierto es que yo, como muchos de mis pares, solo puedo hacerme el distraído y acusar al tiempo de no haber hecho a estos dos genios contemporáneos en sus quehaceres deportivos para resolver su incógnita.
Lo que si sé es que Messi no me deja vivir. No puedo pasar más de un día sin que una noticia de él irrumpa en mi vida desafiando los límites de la cotidianidad. Ya sea en un entrenamiento, en un partido de liga, de copa o en una semifinal de Champions, Messi siempre es inimitable.
Es insólito, es como si Da Vinci pintara la Gioconda todos los miércoles, como si Maradona ridiculizara a Fillol todos los domingos o como si Firpo tumbara a Dempsey fuera del cuadrilátero jueves tras jueves. Messi podrá no tener un gol como el de Maradona en un Mundial, pero Messi es Messi todos los días del año.
Los rivales lo estudian, lo observan, pero llega el partido y nadie lo puede parar. Messi siempre se reinventa, siempre tiene el toque justo para quebrar su cintura y hacer volar un rival por los aires sin siquiera tocarlo.
Dijo Guardiola que “si Messi está como está, no hay defensa que pueda pararlo”. Pep tuvo la generosidad de advertirle a Messi que era el mejor de todos, algo que por lo menos, la noche de ayer, se habrá lamentado. Guardiola creó un monstruo que ya nadie puede frenar, cuando logren estudiarlo tanto como para memorizar sus movimientos, el creará uno nuevo y volverá a dejar a todos en ridículo.
Si Dios todavía estuviese en el cielo le añadiría una hora al día para que el resto de los mortales pudiéramos apreciar la obra de Messi. No hay forma de vivir y disfrutar al cien por cien a Messi a la vez, porque Messi, a diferencia del resto, es genio las 24 horas del día.
Me siento culpable cuando dejo que una de sus creaciones pase inadvertida a mis ojos. Para disfrutar a Messi hay que mirarlo en todo momento en el que él tenga una pelota en sus pies, porque ese momento será único.
No tengo certeza para saber hasta cuando será, no se si tendrá un fin, simplemente espero que alguien atienda mi queja. Los seres humanos podemos disfrutar a Messi o dejar pasar la vida sin advertir su presencia. Y ni siquiera yo, que intento sacarle provecho al máximo, puedo hacerlo todo el día, porque para disfrutarlo a pleno, hay que observarlo las 24 horas, ya que él es el mejor todo el día.