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Boca derrotó a River en un Superclásico deslucido | Foto: El nuevo herald

El miedo de un superclásico

Que la valentía por jugar supere al miedo del fracaso. 

Por Josu Gogeascoechea Sabogal

Twitter : @josugoge

Publicado: 2015-05-04

Cuando hablamos de River Plate y de Boca Juniors se nos viene a la cabeza grandes momentos en la historia del fútbol sudamericano. Hoy en día, a pesar de la caída libre del fútbol argentino en los últimos años, ambos equipos han revalidado la condición del campeonato argentino a un campeonato interesante, y no solo por la algarabía expresada hasta en un encuentro de la B Nacional, sino también por el juego propuesto por dos entrenadores jóvenes como lo son Marcelo Gallardo y Rodolfo Arruabarrena, quienes también chocaron como futbolistas profesionales hace menos de 15 años.  

No queda duda que uno – en un clásico, y sobre todo el argentino – no puede decantarse por ninguno de los dos lados, pero sin duda que algunas palabras previas al choque decisivo por los octavos de final se pueden dar y, sobre todo, luego de haber visto el flojo partido que disputaron hoy en La Bombonera.

Marcelo Gallardo asumió en River Plate luego de que Ramón Díaz tuviera un primer semestre espectacular en el 2014 permitiendo que el cuadro ‘millonario’ consiga el título argentino. El ‘Muñeco’ mantuvo la pauta establecida por el actual entrenador de la Selección Paraguaya y llevó al cuadro de Núñez a campeonar la Copa Sudamericana de manera invicta y eliminando en el camino a Boca Juniors.

Rodolfo Arruabarrena, por su parte, llegó a un Boca que se encontraba mal anímica y futbolísticamente luego del mal inicio de año del equipo dirigido por Carlos Bianchi que volvía por tercera vez a dirigir la institución. ‘El Vasco’ propuso una idea de juego interesante respetando el balón y potenciando las bandas, lo que ha llevado a su equipo a ser puntero del campeonato argentino luego de 11 fechas y mejor primero en la Copa Libertadores con puntaje perfecto en el Grupo 5 enfrentando a rivales como Montevideo Wanderers, Palestino y Zamora. Sin duda, lo hecho por ‘El Vasco’ ha dado frutos y de los buenos.

Más allá del buen presente de ambos clubes – mejor el de Boca que el de River, por cierto– hay algo que me llama la atención y es por lo cual me he animado a escribir esta columna. Arruabarrena y Gallardo han disputado una eliminatoria trascendental y están por disputar dos partidos de un carácter importante – sumados al de hoy por el torneo local – en los cuales sus equipos, de un juego atractivo en los demás partidos, se han visto inmovilizados por el miedo a perder y ser humillados.

Sin olvidarnos del contexto, ya que está claro que los nervios son parte de la vida misma y sobre todo en partidos de la talla de uno de los clásicos más importantes a nivel mundial, me hago una pregunta ¿eso impide que los jugadores se olviden del juego? Irónicamente, en el verano, dos equipos alternativos de Boca y River se enfrentaron; el juego fue abierto y con muchas oportunidades y el resultado final fue de 5-0 a favor de los xeneizes. Como dije antes, el contexto es diferentes, pero arriesgar no cuesta nada y te puede llevar a grandes cosas, como le sucedió a Boca.

Diego Latorre, ex jugador de Boca y actual periodista de la cadena Fox Sports, comenta lo siguiente en una columna escrita para el Diario Olé de Argentina.

“Hay otra manera de aligerarse de tensiones y consiste en animarse al disfrute, porque si no hay punto de satisfacción es muy difícil poner el cuerpo ante las exigencias propias y ajenas. Sobredemandado y sobreexcitado, el jugador pierde las mejores sensaciones que genera el fútbol. Pero si se anima a sentirse un privilegiado, un elegido por hacer lo que millones de personas anhelan, estará más cerca de gozar un partido como el superclásico. ¿Qué sentido le da un futbolista a su vocación si no es para jugar un clásico como éste? Merece vivirlo, entonces, como la síntesis de lo que siempre quiso hacer.”

El jueves inician 180 minutos que llenan de expectativa no solo a un país, sino también a un continente, que espera ver la verdadera jerarquía de dos conjuntos con jugadores y técnicos capaces de hacer daño, y sin miedo, al conjunto contrario. Fernando Gago, Marcelo Meli, Nicolás Lodeiro y Daniel Osvaldo como piezas claves del equipo de La Bombonera, mientras que Carlos Sánchez, Leonardo Pisculichi, Teo Gutiérrez y Rodrigo Mora como fundamentales de los últimos campeones continentales.

Está en ellos, o quizás en algunos otros, poner una sonrisa en el rostro del hincha porque a veces el sufrimiento se va por un momento cuando tu equipo le suma, a ese amor por los colores, un cariño incondicional a la redonda.

En cuatro días vuelve la ilusión de sumarle a la fiesta popular, nublada por la violencia, la valentía por jugar. Porque yo espero ver, el 7 y el 14 de mayo, la reivindicación de dos de los mejores entrenadores de América frente a estos partidos que se han caracterizado por el temor de encajar un gol olvidándose, por completo, lo que significa la satisfacción de anotarlo tú.

El hincha quiere ver a su equipo ganar, pero para eso el jugador tiene que gozar de la ocasión y del contexto. Porque, a veces, cuando pierdes la dicha de estar donde siempre soñaste, te das cuenta de lo poco que lo disfrutaste.


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